Descubrimos el mindful eating con Mireia Hurtado

Descubrimos el mindful eating con Mireia Hurtado

Welcome again ffamily!

Estoy muy feliz del post que os traigo hoy, y es que he tenido la oportunidad de hacer una infusión con Mireia Hurtado , psicóloga y dietista especialista en psicología de la alimentación. Una mujer que defiende que nuestra valía está en el interior y no en la talla, ni en el peso que marca la báscula y que tuve la suerte de conocer hace un año. Ya sabéis que para mí, lo más importante es sentirme bien conmigo misma y encontrar ese equilibrio entre el deporte, la alimentación y los caprichos. Hoy Mireia nos abre las puertas al mindful eating, la alimentación consciente.

¿Qué es el mindful eating?

Mindful eating es comer consciente y atentas. Es entender el acto de comer desde una mirada amplia. Es cultivar la escucha y consciencia del cuerpo para regular nuestra conducta alimentaria, es disfrutar y apreciar los alimentos que le damos a nuestro cuerpo, es atender las necesidades de nutrición y de placer del cuerpo y aprender a diferenciarlas de otras necesidades como el descanso o la calma. 

El mindful eating es una vía de entrada al cuidado del cuerpo y de la mente desde un enfoque compasivo de escucha y de atención y a la vez desde la flexibilidad y goce frente a la restricción, la culpa y la fuerza de voluntad que promueven las dietas de adelgazamiento.

¿Tengo que tener una noción de mindfulness para practicar mindful eating?

No es necesario pero ayuda, porque mindful eating es llevar la consciencia plena o mindfulness (atención sin juicio, con curiosidad…) a nuestros patrones alimentarios y nuestra experiencia (pensamientos, emociones, sensaciones físicas). Normalmente las formaciones de mindful eating, y así lo hago yo, enseñan a practicar mindfulness ya que entrenamos la habilidad de parar, observar y atendernos en el día a día frente al funcionamiento en modo piloto automático.

¿Cómo podemos distinguir distintos tipos de hambre?

Aprendiendo a llevar la atención al cuerpo, escuchando con curiosidad qué es lo que hay en el momento presente e intentando diferenciar la experiencia del hambre física respecto a la del hambre emocional (cuando hacemos un uso de la comida para gestionar nuestro mundo emocional) y del hambre mental (cuando es la mente, es decir los pensamientos, que normalmente están cargados de reglas, de debería, o no debería ) los que dirigen la conducta. Tomar consciencia de nuestras sensaciones físicas, emociones y pensamientos y desde esa consciencia preguntarnos cómo podemos apoyar nuestro autocuidado.

¿Cuáles son las principales diferencias entre comer de manera consciente y comer de manera inconsciente?

Cuando comemos en piloto automático funcionamos por patrones aprendidos, patrones como comer muy rápido, comer viendo la tele o mirando el móvil, comer de pie, comer cuando tenemos comida delante…La cuestión es que cuando esos patrones no nos ayudan a cuidarnos como nos gustaría, como son en forma de hábitos, nos cuesta mucho cambiarlos. Comer consciente, o mindful eating es lo contrario a funcionar por hábitos. Es comer atentos a la experiencia interna, o sea, darnos cuenta del sabor, textura, olor, apariencia de lo que estamos degustando. Darnos cuenta también de las sensaciones físicas asociadas al comer, como el hambre, la saciedad y la satisfacción, así como los pensamientos y emociones asociados.

A menudo decimos que nos encanta comer, pero cuando profundizamos en cómo comemos, seguramente nos demos cuenta de que cada bocado apenas está en nuestra boca y no saboreamos ni disfrutamos todo lo que podríamos. Cuando comemos más conscientemente, cada bocado se convierte en una experiencia única que nos nutre física y emocionalmente.

¿Nos podrías dar algunos tips para aprender a comer de manera consciente?

En primer lugar, antes de empezar a comer, ayuda mucho parar y respirar. Hacer tres respiraciones lentas y profundas ya te ayudarán a bajar las revoluciones, a soltar las prisas y a enlentecer el ritmo de forma natural. También ayuda mucho soltar los cubiertos entre bocados. Inicialmente tendrás que llevar la intencionalidad de soltar los cubiertos, ya que es algo que no solemos hacer.

Cuando tenemos el tenedor y el cuchillo en la mano, el hábito en forma de conexiones neuronales nos impulsa a pinchar y meter en la boca el siguiente bocado casi sin haber tragado el anterior.

Al soltar los cubiertos en la mesa podrás llevar la atención a cada bocado, a lo que experimentas los sentidos en la medida de lo posible.

En tu web, hablas sobre la importancia de entender cómo funciona tu cerebro y comprender por qué las dietas restrictivas no te funcionan. Háblanos un poco sobre la cultura de la dieta y cómo una dieta tradicional “restrictiva” puede provocarnos sentimientos de culpa o falta de voluntad.

Cuando empezamos una dieta nueva, vivimos lo que se conoce como «la luna de miel» de la dieta, donde nos sentimos física y anímicamente genial. Experimentamos una especie de subidón asociado a la visualización de estar más cerca de tu nuestro «yo» más delgado, junto con la energía extra que se experimenta fruto de la restricción (estamos diseñados para experimentar energía en las primeras fases del hambre para conseguir los recursos necesarios para la supervivencia). Pero después de ese mágico período, que suele durar como mucho de 3 a 6 meses, casi todo el mundo (según las investigaciones) empieza a recuperar el peso perdido y de 2 a 5 años después el 95% de la personas acabarán recuperando todo el peso, según varios estudios. Es más, entre 1/3 y 2/3 de esas personas acaban recuperando más del peso perdido. Y es que hacer dieta a largo plazo es misión imposible.

Cuando el hambre continuada se mantiene, acaban apareciendo pensamientos obsesivos con la comida, especialmente en alimentos ricos en hidratos de carbono y grasas, se experimentan las señales de hambre muy aumentadas (la hormona grelina aumenta como consecuencia de la falta de energía prolongada), y nuestro cuerpo luchará con uñas y dientes para recuperar el peso perdido ya que no es capaz de diferenciar un estado de hambruna de una dieta intencionada. El metabolismo se desacelerará para compensar la falta de energía, y aumentará considerablemente el hambre para restablecer el punto de ajuste de grasa al anterior, e incluso más alto que el anterior para asegurarse un aporte de grasa extra para la hambruna que pueda venir. Así de inteligente es nuestro cuerpo, ¿no? Hace lo que tiene que hacer para asegurar nuestra supervivencia.

La cuestión es que todo esto, que es pura fisiología y supervivencia, lo vivimos como una falta personal, es decir, como un fallo por no tener suficiente fuerza de voluntad o control, con mucha culpa y vergüenza. Ese es el gran engaño que nos vende la cultura de la dieta.

¿Cómo cambiamos esa voz que nos dice ‘no debería comer esto’ y nos hace sentir culpables y carentes de voluntad?

Todos esos pensamientos surgen con la intención de que controlemos lo que comemos, porque la cultura de la dieta nos vende que “no sabemos cuidarnos” y que “necesitamos controlar”. Un ejercicio que puede ayudar es el de utilizar una metáfora basada en mindfulness de los pensamientos.

Imagínate que vas al mercado a comprar fruta, por ejemplo plátanos. Primero los observas con curiosidad, te das cuenta de su estado y una vez hecho esto decides con cuáles te quedas y con cuales no, ¿verdad?, ¿o te lo quedas todos?. Pues con los pensamientos asociados al control, la cultura de la dieta, es decir todos esos “deberías”, puedes hacer lo mismo, explorar cuáles de esos pensamientos te ayudan a cuidarte y cuáles no, y en base a eso decidir tus acciones: Yo aconsejo antes de comer, parar y observar qué pensamientos ocupan la mente.

¿Aparecen reglas? ¿O quizás aparecen “debería comer o no debería comer”? ¿Tienes pensamientos relacionados con calorías, combinaciones de alimentos, etc…? Date cuenta en qué medida ese pensamiento te ayuda a cuidarte: si le hago caso a este pensamiento, ¿me sentiré satisfecha? ¿O me sentiré deprivada? Conéctate con tu cuerpo, con los niveles de hambre que tienes. Pregúntate qué te apetece de verdad comer. Decide si le quieres hacer caso o no a ese pensamiento. 

¿Escuchando mi cuerpo puedo cambiar mi alimentación? 

El objetivo no es cambiarla, sino ser más capaces de elegir desde un espacio de consciencia y conexión de cómo nos queremos cuidar versus funcionar por reactividad. Normalmente lleva cambios en el sentido de atender mejor las necesidades del cuerpo, tanto de nutrición como de placer, si estamos restringiendo, cómo aprender a gestionar los momentos de comer emocional y atender las verdaderas necesidades que surgen.

¿Por qué hay tantas mujeres con mala relación con la comida / sus cuerpos?

Desde muy pequeñas recibimos comentarios, oímos indirectamente comentarios, vemos imágenes, películas, …que nos llevan a cuestionar nuestro cuerpo. Hay mucho negocio detrás de las inseguridades que nos genera el propio contexto: dietas, productos y tratamientos estéticos, …

Por un lado nos generan inseguridad, por otro nos venden la solución. Y es infinitamente complicado no caer en las redes de esas soluciones. Porque nuestro cerebro lo único que quiere para nosotras es que no suframos. Y tener un cuerpo no-normativo conlleva sufrimiento. Y la cultura de la dieta continuamente nos vende la delgadez como el dorado. Desde mi experiencia es muy difícil tener una buena imagen corporal porque todo el contexto se encarga de lo contrario.

Mireia, muchísimas gracias, es interesantísimo todo lo que nos has contado hoy y estoy segura de que tus palabras pueden ayudar a mucha gente. No nos obsesionemos con dietas restrictivas por favor, juzguémonos menos, busquemos el equilibrio y escuchémonos más.

Un beso virtual,

Cocó

Si te apetece formar parte de ffitcocohouse para recibir novedades exclusivas…
¡suscríbete a la newsletter!

Utilizamos cookies propias y de terceros para fines analíticos y para mostrarle publicidad personalizada en base a un perfil elaborado a partir de sus hábitos de navegación. Más información en nuestra Política de Cookies.    Más información
Privacidad